La expansión de la cobertura, la modernización de los programas y la mejora en la calidad formativa han marcado una diferencia tangible en el sistema educativo nacional. No obstante, estos logros plantean nuevos desafíos, entre ellos, profundizar la adecuación de la oferta académica a las realidades específicas de cada comunidad.
Las dinámicas económicas y productivas no son iguales en todo el territorio nacional. Zonas como Punta Cana, San Pedro de Macorís o el Distrito Nacional presentan vocaciones distintas, que van desde el turismo y los servicios hasta la industria y la agroproducción. En ese contexto, una formación técnica alineada con las necesidades locales fortalece la conexión entre educación, empleo y emprendimiento.
Educar desde la comunidad no implica modificar lo que ya funciona, sino potenciarlo. Significa ajustar los programas formativos para responder de manera más directa a sectores como el turismo, la industria, los servicios, la creatividad y la innovación, según la realidad de cada región. De esta forma, los jóvenes adquieren competencias que les permiten generar oportunidades y transformar su entorno inmediato.
Especialistas coinciden en que el futuro de la educación técnica y tecnológica pasa por la flexibilidad, la escucha activa y la articulación con las comunidades. Dar ese paso permitirá que los avances alcanzados por el ITLA y el INFOTEP se traduzcan en mayor impacto social, empleos de calidad y un desarrollo más equilibrado en todo el país. Educar con el territorio en mente representa, sin duda, el siguiente nivel del sistema formativo nacional.
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